Trabajo individual | Clase 4 "Resonancia" | Camila Romano
Recopilé mis anotaciones del ejercicio realizado en clase en la primera parte de la resonancia, para poder recuperar algunas de las ideas surgidas en ese primer momento de desconocer el ejercicio. Me parece importante porque siento que son diferentes las primeras reflexiones que las que pueden venir después. Dibujos espontáneos, algunas palabras claves anotadas a los costados y pensamientos surgidos en ese momento en que gran parte de nuestra mente está intentando descubrir el devenir del ejercicio. En estas anotaciones proliferan pensamientos tales como:
¿Soy una diseñadora mediocre? ¿Qué es mediocre? ¿Mis pensamientos son vagos y superficiales? ¿Qué será lo que genera este tipo de pensamientos desvalorizantes sobre mí?
Me preocupa saber si algún día podré mejorar mi técnica de ilustración.
La diferencia entre dibujar algo que surge desde la imaginación o dibujar algo que estoy viendo en ese momento (esa reflexión inspira el dibujo de mi propia mano a mano alzada).
Dibujar copiando algo que observo ¿cuenta como dibujar o es menos dibujo por no ser producto de mi imaginación?
No es que me encuentre inconforme con la diseñadora que soy en la actualidad, solo entiendo que el tiempo no se frena en el momento en que nos dan el título sino que continúa y seguimos absorbiendo conocimiento a lo largo de nuestra vida.
Mientras observo las mesas pienso si podemos compararla con una persona. Si lo hacemos, podría decirse que es alguien que vivió y absorbió cosas, cada vivencia le dejó una huella que la convirtió en llena de experiencia e historia.
Para la segunda parte de la resonancia me encuentro sola en el tercer piso de FADU, siendo este el lugar que elegí y el que sentí como “mi lugar”. Me tomé cinco minutos para pensar, respetando las pautas que nos fueron dadas. Sin celular, nomás para cronometrar el tiempo, sin contacto con objetos ni otras personas tampoco. El lugar que escogí dependía de que el sol estuviera iluminando y calentando el ambiente. ¿Por qué lo sentí cómodo? ¿Habrá sido sólo por el calorcito del sol que entraba desde la ventana iluminando el suelo del tercer piso? ¿Por qué no fue el patio central en el cual también entra bastante luz del sol? Me senté en una ventana frente a la escalera del tercer piso y el sol ya surge efectos, ya no tengo tanto frío y las palabras parecieran fluir mejor. Con el frío fuera de mis pensamientos, me comencé a preguntar “qué pensas?”. Descubrí que lo único que surgía en mí al hacerme esa pregunta yo misma era intentar buscar una respuesta posible a ello en lugar de buscar qué estaba pensando en verdad. Sentí como un condicionante auto hacerme la pregunta. Yo misma juzgaba mis pensamientos como vagos o poco interesantes como para luego compartirlos con mis compañeros y profesores. Distinto fue cuando los profesores nos la hacían en el aula. Siento que la diferencia estaba en que era otra la persona que “interrumpió” en mi pensamiento con una pregunta reflexiva, entonces uno puede compartir el pensamiento que estaba pasando por su mente en ese momento justo en que se realizó la pregunta.
Sorpresivamente, el último ejercicio siento que pasó más rápido que cuando estábamos en el aula realizando todos juntos la misma actividad y al mismo tiempo. Siento que son varios los factores que afectaron mi proceso para que este resultara de maneras distintas. Por ejemplo, salir y buscar mi lugar resultó distinto que encontrarme en un lugar predeterminado. Ciertas condiciones, como el sol que entraba por la ventana, el piso más vacío que los demás, personas sentadas en el piso con auriculares o tomando mates y las aulas en las que se dan las teóricas que parecieran ser más silenciosas que el resto, construyeron un ambiente diferente, más cálido, que permitió que pudiera abstraer mi pensamiento, como si no estuviera en ese lugar y al cerrar los ojos los pensamientos fluyeron de otra forma.
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