Trabajo Individual | Clase 4 "Resonancia" | Sebastián Zorzoli

 


Durante el proceso de pensar uno por lo general lo hace con el objetivo de solucionar un problema o responder a una necesidad. Pero ¿qué pasa cuando el único objetivo es pensar en “pensar”.

En el ejercicio realizado durante esta clase surgieron varias cuestiones. Al estar acostumbrados a un ámbito académico como lo es FADU uno esperaría que las consignas que realizamos terminan siendo compartidas en algún punto del proceso, por lo que automáticamente nos condicionamos a buscar ideas y pensamientos interesantes para así poder destacar o parecer “original” a los ojos de otros, esto debido a que el humano es un ser consciente de como otros lo perciben.

El ejercicio en sí consistía en pensar y encontrar una lógica de este accionar, por lo que había que estar en un entorno ideal. Este ideal es algo subjetivo, cada quien tiene sus métodos y preferencias. En mi caso en particular, cuando pienso en pensar me imagino un lugar alejado de distracciones para así poder concentrarme, que sea callado, cálido y tranquilo. Pero si la acción de pensar se ve involucrada en un proceso más artístico o creativo podría llegar a priorizar otros factores que me proporcionen estímulos visuales o sonoros como lo pueden ser la naturaleza o la música.


En las condiciones en las que nos encontrábamos durante la actividad mi forma de pensar tomó un enfoque más negativo. Hacía frío (ya fuera sentado o apoyado en una pared), era muy temprano y, por lo que tardo en el viaje hasta la facultad, apenas tengo tiempo para desayunar por lo que, a medida que pasaba el tiempo, el hambre surgía. Fue en ese entonces que me dije: ¿acaso existe mejor momento para pensar que antes de dormir? Básicamente cumple todas las condiciones. Desde haber saciado el hambre, experimentar una infinidad de estímulos durante el día, quedar con actividades pendientes, estar recostado y en un ambiente silencioso, etc. Es el único momento del día en el cual no enfocamos en no pensar en nada y por acto reflejo terminamos pensando hasta en las cosas más monótonas e involuntarias como lo puede ser la velocidad a la que respiramos para así dormirnos más rápido.

A medida que avanzaba la clase los profesores nos fueron haciendo preguntas en particular para guiar nuestros pensamientos. De estas podría rescatar el ¿Qué pensás cuando pensás? y ¿podemos pensar sin palabras? En base al primero, si bien hable de esto anteriormente, puedo agregar que al pensar sin un objetivo en concreto terminamos pensando en “pensar”, y empezamos a dar vueltas en base a eso: ¿en qué puedo pensar?, ¿para qué pensar?, etc.

En cuanto a la segunda pregunta tengo una opinión formada al respecto, y es que el ser humano piensa con imágenes más que con palabras. Desde imágenes detalladas, íconos que representan un concepto, colores o inclusive cuando queremos pensar con palabras en realidad estamos pensando en la imagen de una palabra. Si yo dijera imaginá la palabra “elegante”, ¿La imaginaste con una caligrafía cursiva, con una tipografía serif?, ¿De qué color? ¿en un soporte blanco? Probablemente con cada nueva pregunta surgió una imagen diferente de la palabra “elegante”. Esto se debe a que el lenguaje es algo que heredamos de siglos de evolución, pero si bien cuando nacemos no somos capaces de comunicarnos mediante palabras, aun así, somos seres pensantes.

Como conclusión, puedo decir que pensar es una actividad de prueba y error, una conversación con uno mismo hasta llegar a un acuerdo el cual representa el resultado al que se llega tras tomar una pausa por más que sea de una fracción de segundo. Este resultado puede no ser la solución o respuesta que se buscara, pero es la que fue capaz de surgir con el tiempo que dedicado.


Sebastián Zorzoli

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