Trabajo Individual | Clase 4 "Resonancia" | Gisela Messina
RESONANCIA PARTE 1
RESONANCIA PARTE 2
Hubo personas que decidieron quedarse a pensar en el mismo lugar. Yo decidí buscar la inspiración y ponerme a prueba en otro lugar. Cuando hablaron sobre ese espacio en el cual nos sintiéramos cómodos inmediatamente pensé en el balconeo del segundo piso donde siempre suelo estar en los tiempos libres de clase a clase. Allí me siento cómoda y me permito ampliar mi perspectiva sobre el entorno que me rodea. Muchas veces no, generalmente uno hace uso de los dispositivos electrónicos y se ata a las redes sociales. Este es un ejercicio diferente en el cual conecto conmigo misma y resueno en uno de mis lugares habituales preferidos.
Los sonidos se intensifican, los olores cambian, puedo sentir el café, las medialunas, la gente caminar detrás de mí y me doy cuenta de que todos estamos pensando, sólo que ellos no son plenamente conscientes o eso creo. El aire es distinto, el escenario también, la postura, lo visual, lo auditivo, pero uno sigue siendo el mismo. No importa donde vayamos, los pensamientos siempre nos acompañan. Mi único problema es el cronometraje. Creo que siempre me costó ponerme un límite en cuanto a los tiempos.
¿Debería escuchar música acá también? ¿Me condicionaría? De todas formas siento mis pensamientos más libres y oxigenados. La gente se observa entre sí y desvía la mirada. Es similar a la primera clase de inicio sólo que con un cambio de escala, pienso en eso y en cómo lo aprendido hasta el día de hoy habita y siempre habitó en nosotros.
REFLEXIÓN PERSONAL
Observé porque es imposible pensar sin observar a no ser que cierre mis ojos y aunque lo haga inmediatamente se te vienen imágenes a la cabeza de forma inmediata y espontánea. A través de mi introspección era plenamente consciente de que no estaba sola mirando hacia mi interior sino que los demás se hallaban haciendo lo mismo, cada uno inmerso en su mundo, el cual no se asemejaría nunca al que albergan en sus cabezas ni al que yo visualizo ya que es muy difícil muchas veces traducir en palabras lo que vemos en nuestra mente y la interpretación del otro es muy subjetiva. Pude observar aquello que siempre pasa desapercibido ante mis ojos debido al ritmo acelerado en el que vivo y también muchas veces el que ignoro al concentrarme en otra tarea específica. No solamente se te vienen a la cabeza imágenes sino que además son dinámicas, veía muchas formas y colores a modo de caleidoscopio y en secuencia como si se tratara de una película abstracta cuyo significado nunca terminé de comprender bien, sólo se me venía a la mente y era espectadora de ello.
Al comienzo mentiría si dijera que no me sentí extraña al llevar a cabo un ejercicio reflexivo que nunca tiene lugar en un ámbito académico a ese nivel de interiorización con uno mismo pero al mismo tiempo tan necesario que al finalizarlo pude sentir que cobraba sentido. Sentí que atravesé dos tipos de resonancias que variaban en escala. En la primera etapa, condicionada por la música y la compañía distante de las personas, mis pensamientos se disparaban en imágenes y palabras, ideas que no tenían mucho que ver con la otra y eso se vio plasmado en el papel a modo de ítems como si se tratase de una receta con pasos a seguir. Durante la segunda etapa en la cual tuvimos que hallar ese lugar donde nos sintiéramos cómodos al contrario, sentí mayor espontaneidad, como si mi cuerpo se relajara y una misma idea o varias ideas se conectaran mediante un hilo. A decir verdad me fue imposible poder cronometrar esta segunda experiencia ni tampoco me tardé tanto tiempo en posicionarme en aquel espacio donde me sentía a gusto. Sentí incluso que el tiempo transcurría más rápido al no ser consciente del mismo. Sentí liberación y espontaneidad, lo que siempre quisimos hacer en clase y fuera de clase también sólo que nos condiciona el hecho de tener que preparar alguna entrega o enchinchada y si disponemos del tiempo sólo pensamos en volver a nuestras casas para seguir trabajando y “aprovechar el tiempo mejor”. Este ejercicio fue como cuando un familiar o un amigo, incluso una pareja te dice “vení, deja eso y relájate un rato, tomate unos mates conmigo y después seguí”. El cerebro y las ideas oxigenadas. Esa clase recuerdo que salí con mucha paz interior como si hubiera estado meditando.
Pensé en un sinfín de cosas que suelo hacer de forma consciente y a veces no tanto. Pensé en mis responsabilidades, en lo que estaba haciendo en ese momento y porqué, en lugares donde me gustaría estar en momentos de mucho estrés sobre todo y a los cuáles viajo mentalmente como si se tratara de dimensiones paralelas y pensé mucho en el tiempo en sus distintas variantes, tanto el pasado como el presente y el futuro incierto que me espera. ¿Sólo eso pensé?, creo que no quería exceder el límite de palabras en el escrito porque en realidad es muy vago decir que sólo pensé en lo que expresé acá. Fueron un sinfín de pensamientos que se disparaban uno detrás del otro y se tejían entre ellos contando muchas historias que no conectaban entre ellas, como si fueran cabos sueltos que al unirlos la historia tendría menos sentido del que ya tenía tomándolo de forma literal. Lo importante en cuestión era entender, comprender es la clave y preguntarse, siempre cuestionarse.
Entendí que los pensamientos son infinitos, que a pesar de que uno piensa lo que quiere, al mismo tiempo está condenado a ellos y no puede prescindir del hecho de pensar. El pensamiento habita en nosotros y fluye como lo hace el tiempo, como lo hace el universo y todo lo que forma parte de él. Entendí que no hay una fórmula para pensar y que era ilógico plantearse si lo que uno estaba haciendo era realmente correcto porque no se trata de eso, no se trata de recibir siempre una respuesta certera de lo que debemos hacer sin encontrarle nosotros la vuelta en este viaje personal. Comprendí incluso que existen distintas formas de pensar y que puede que se conecten entre sí o no pero la realidad es que esa abstracción es la que nos vuelve seres racionales y que nos permite cuestionarnos y aprender del mundo en el que vivimos. Aprendí que no se trata de algo tan simple como pensar sino que resonamos en distintos ritmos, formas, colores, sensaciones que dotan al pensamiento de una complejidad que muchas veces ignoramos. ¿Lo que entendí si es subjetivo es verdadero y universal o es sólo verdadero desde mi subjetividad, desde mi realidad?.

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