Trabajo individual | Clase 1 "Inicio" | Camila Romano
Yo es una persona tímida pero osada cuando entra en confianza, tanto que es difícil hacer que pare su intensidad una vez derribada esa barrera. Disfruta mucho de pasar un rato con su familia y amigos. Siente que forma parte de algo especial por tenerlos. Cada vez que los escucha se queda detenida unos segundos observando la escena. Gritos, risas y mucho ruido caracterizan aquella charla. Es parte de una familia grande y alocada con la que goza de juntarse pero con la familia de “todos los días” le es más que suficiente. Le encanta ver películas o series, de forma compartida o sola. Es amante de las historias románticas.
Le gusta imaginar situaciones ideales de su vida, de trabajo o amor. Deja volar tanto su imaginación que a veces una parte de sí misma aparece para bajar las expectativas por miedo a que no lleguen a cumplirse tal cual. ¿Es por miedo a que no se cumplan o miedo a estar deseando más de lo que merece? Así es, el miedo es un poco parte de ella. El miedo a cerrar ciclos, el miedo a las nuevas aventuras, a conocer cosas nuevas, siempre aparece el miedo. Miedo a no saber qué es lo que le espera. Este miedo también es parte de ella cuando mira a Otro. Su mirada pareciera inhibida por el manto del miedo al qué dirá Otro o a ofender con sus pensamientos. De la misma manera, su participación en charlas grupales, ya sean con amigos o facultativas, se ve afectada por ese mismo miedo. Se apoderó de mí una conexión muy fuerte al leer el texto “Carta a los estudiantes”, que forma parte de la bibliografía brindada por la cátedra, debido al ejemplo que menciona acerca de un personaje que antes de acotar cualquier comentario o afirmación se muerde la lengua tres veces para saber si está seguro y convencido de lo que va a decir. Esta conexión, imagino, se relaciona con el sentimiento de tener que estar seguro para realizar un comentario y de alguna manera limitarnos al silencio si no es así, como si uno fuera su propio condicionante.
Junto con el miedo, otros mantos acompañan su mirada. Estos podrían ser por causa de sus ideales, sus intereses, sus creencias, la manera en que la criaron, sus experiencias anteriores. Condicionan así la manera en la que mira. Al mirar, intenta mantener la mente abierta y no prejuzgar pero inevitablemente lo termina haciendo. Quizás por miedo, dependiendo el contexto, si es que ese otro es un desconocido. Le enseñaron que la inocencia que caracteriza su persona puede ser algo de lo que los otros busquen aprovecharse, que los otros no son iguales ni tienen las mismas intenciones y que tiene que tener cuidado, abrir bien los ojos como si así fuera a “mirar mejor”. Puede ser por esto último que su mirada sea algo cautelosa. Si se traduce su mirar en una manera de caminar podría decirse que es equivalente a caminar de puntas de pie en cuanto al cuidado que este implica. Estas cosas confluyen en su personalidad y de cierta forma condicionan su mirar. En una primera instancia, al mirar a Otro busca descifrar quién es esa persona y si puede confiar en ella. Únicamente después de descubrir aquello que la mantenía temerosa y tímida, se logra abrir a ese otro. Tal vez es más lo que ve de sí que lo que ve de Otro ya que estos cuidados y miedos que la conforman se hacen presentes en esa mirada y en cierta forma lo que mira es en realidad lo que quisiera encontrar. Se convierte así en una especie de reflejo respecto a imaginar cómo debe vivir ese otro, a cómo se conforma su familia y las prioridades que tiene en la vida. Esto último lo considero un tanto naif, en tanto que pareciera romantizar las realidades. Hoy si no estoy tan segura de mirar vidas ajenas a partir de esos ojos. Me detengo más tiempo para pensar en tal vez sea todo lo contrario a ese romanticismo. ¿Qué me hizo cambiar mi pensamiento? ¿Alguna situación específica fue la que marcó el límite? ¿Quizás simplemente el hecho de cada día hacerme más preguntas a mi misma y escucharme con más atención, sin dar por sentado que pienso lo que pienso porque soy así y listo, hizo cambiar mi mirada? Sin darme cuenta, me pongo en el lugar de ese otro pero sin dejar atrás lo que me conforma y es parte de mí.
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